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Discurso de investidura del Ministro de Estado de Relaciones Exteriores, Embajador Carlos Alberto Franco França  Brasília, 06/04/2021[1]

 

Señor Jair Bolsonaro, Presidente de la República;

Señor Hamilton Mourão, Vicepresidente de la República;

Ministro Jefe de la Casa Civil, General Eduardo Ramos, en nombre del cual saludo a los ministros aquí presentes; 

Señoras y señores parlamentarios;

Embajador Ernesto Araújo, a quien hoy sucedo con gran honor; y

Querida Embajadora, Consejera Maria Eduarda de Seixas Corrêa, mi compañera de clase. 

También me gustaría hacer el registro de algunos amigos que me ayudaron en esa trayectoria: Almirante de Escuadrón Flávio Rocha y todo su equipo de asesores internacionales; Dr. Célio Faria Junior, Jefe del Gabinete Personal; y Dr. Pedro Cesar Sousa, Subjefe de Asuntos Jurídicos, cuya devoción al trabajo y lealtad al Presidente de la República sirven como un norte para mí. 

También registro, y no podía ser de otra manera, la presencia de mis hijos, Antônio y Ana Clara, y de mis hermanas, Rita y Andréa. 

Empiezo agradeciendo al Presidente de la República por la confianza depositada en mí. Su Excelencia sabe que seguirá contando con mi empeño integral.

A mi predecesor, el Embajador Ernesto Araújo, le agradezco el apoyo en la transición.

El momento es de urgencias. Y el Presidente Bolsonaro me dio instrucciones de enfrentarlas. Esta es nuestra misión más inmediata.

Subrayo aquí tres de ellas: la urgencia en el campo de la salud, la urgencia en la economía y la urgencia del desarrollo sostenible.

La primera urgencia es combatir la pandemia de COVID-19. Todos sabemos que esta es una tarea que va más allá de una visión de gobierno. Y eso, en el gobierno, también le toca a Itamaraty, junto al Ministerio de la Salud.

Las misiones diplomáticas y los consulados de Brasil en el exterior estarán cada vez más comprometidos con la verdadera diplomacia de la salud. En diferentes partes del mundo, aumentarán los contactos con gobiernos y laboratorios para mapear las vacunas disponibles. Habrá un aumento de las consultas con los gobiernos y las empresas farmacéuticas, en la búsqueda de los medicamentos necesarios para el tratamiento de los pacientes en estado más grave. Son aportes del frente externo que podemos y debemos traer al esfuerzo interno para combatir la pandemia. Aportes que no son suficientes en sí mismos, pero que pueden ser decisivos.

Mi compromiso es con la intensificación y mayor articulación de las acciones en curso. Mayor articulación en el ámbito de Itamaraty; mayor articulación con otros organismos públicos, con el Congreso Nacional. Así, serán mayores las posibilidades para que nuestro trabajo diplomático se traduzca en resultados para la vida de los brasileños.

Mi compromiso, en definitiva, es involucrar a Brasil en un intenso esfuerzo de cooperación internacional, sin excepción. Y abrir nuevas formas de acción diplomática, sin preferencias de una u otra naturaleza.

En la Organización Mundial del Comercio (OMC), por ejemplo, estamos trabajando en una iniciativa sobre Comercio y Salud. Y hemos acogido de forma positiva las declaraciones de la nueva Directora General sobre la necesidad de un consenso amplio que garantice el acceso a las vacunas, con más producción y mejor distribución.

La tarea no es simple. Nadie ignora que hoy en día hay escasez de suministros médicos en el mundo. Pero les aseguro que los recursos de nuestra diplomacia seguirán movilizados para atender a las demandas de las autoridades sanitarias.

Una segunda urgencia es económica. Como enseña el Presidente Bolsonaro, los brasileños quieren vacunas y quieren trabajo. Y para crecer y generar más empleo, la agenda de modernización de la economía es fundamental. Esta no es una agenda estrictamente doméstica, por más cruciales que sean  y lo son  las reformas que aquí promueve el Presidente de la República.

No hay modernización sin más comercio e inversiones, sin una mayor y mejor integración en las cadenas de valor mundiales, de ahí el significado de nuestra agenda de negociaciones comerciales. No hay modernización sin la exposición del país a los más altos estándares de políticas públicas  así es importante para nosotros tener una relación cada vez más estrecha con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). No hay modernización sin apertura al mundo  y por eso nuestra política exterior tiene un sentido universalista, siempre guiada por la protección de nuestros legítimos intereses.

Finalmente, tenemos la urgencia climática. Es una urgencia en otra escala de tiempo, pero es una urgencia.

Aquí, como en otras áreas, vemos delante de nosotros la oportunidad de mantener Brasil en la vanguardia del desarrollo sostenible y limpio.

Tenemos que mostrarle al mundo una matriz energética predominantemente renovable. Un sector eléctrico que, tres veces más limpio que la media mundial, ya puede considerarse bajo en carbono.

Tenemos que mostrar una producción agrícola que, además de poder alimentar al planeta, tiene la marca de la sostenibilidad. Cuarenta años de inversiones en ciencia nos han permitido producir más con relativamente menos tierra y un mejor uso del suelo. Quien importa alimentos de Brasil, Presidente Bolsonaro, importa tecnología.

Además tenemos que presentar una legislación ambiental – el Código Forestal – que es una de las más rigurosas del mundo. O una Contribución Nacionalmente Determinada bajo el Acuerdo de París, que es una de las más ambiciosas entre los países en desarrollo.

No se trata de negar los desafíos, que obviamente persisten. El caso es que Brasil, en términos de desarrollo sostenible, se queda en la columna de soluciones.

Señoras y señores,

El diálogo es fundamental en la respuesta a todas estas urgencias: la sanitaria, la económica y la medioambiental.

Brasil siempre ha sido un actor relevante en el amplio espacio del diálogo multilateral. Por supuesto, esto no significa adherirse a todos y a cada uno de los intentos de consenso que puedan surgir, en las Naciones Unidas (ONU) o en otras instancias. No tiene por qué ser así y no puede ser así. Lo que nos orienta, ante todo, son nuestros valores e intereses. En nombre de estos valores e intereses, continuaremos invirtiendo en el diálogo como método diplomático. Un método que abre posibilidades de arreglos y convergencias que siempre supimos explorar a nuestro favor. El consenso multilateral bien trabajado es también una expresión de soberanía nacional.

Otro lugar donde el diálogo es necesario es en nuestra vecindad. Los acuerdos nucleares de Brasil con Argentina, por ejemplo, que existen hace más de tres décadas, son un símbolo del predominio de la cooperación sobre la rivalidad. El Mercado Común del Sur (MERCOSUR), que también cumple tres décadas, representa una etapa constructiva de integración con nuestros vecinos. Y es necesario ir más allá, abriendo nuevas oportunidades.

Señor Presidente,

El diálogo con otros países no será suficiente. Eso es lo mínimo, es el alma de nuestro negocio.

Ante las urgencias que somos llamados a afrontar, y al abordar tantos otros temas, mantendré abiertos los canales incluso dentro de nuestro país – con mis compañeros de Esplanada, con los Poderes de la República, con los sectores productivos, con la sociedad. Estos son canales indispensables, incluso en la solución de pendencias administrativas que afligen legítimamente a los miembros del servicio exterior brasileño.

Así he aprendido, en Itamaraty, a entender el trabajo del diplomático: un constructor de puentes.

Señoras y señores,

En Itamaraty también he aprendido que la política exterior es una política pública que, al igual que, debe estar al servicio de las prioridades de los brasileños. Me comprometo a buscar incesantemente la comprensión exacta de los desafíos del momento y a escuchar las demandas de la sociedad.

Me refiero a la obra del Barón de Rio Branco, que tan bien supo promover, en las circunstancias de su tiempo, la combinación de la apertura al mundo, la defensa de la paz y del derecho y el fortalecimiento de nuestra soberanía.

Es esta línea de continuidad la que debemos actualizar cada generación. Y es con este espíritu que asumo las funciones con las que me distinguió, Presidente Jair Bolsonaro.

Pienso en colegas de distintas generaciones con los que he tenido el privilegio de convivir – gente de alta formación y genuina devoción por Brasil. Pienso en antiguos jefes de los que aprendí mucho y a los que les debo tanto. Este es Itamaraty que ahora tengo el honor de dirigir. Les aseguro que tendrán lo mejor de mí.

No subestimo, Presidente, la dimensión de los desafíos, pero mayor es nuestra voluntad colectiva de hacerlo bien. 

Muchas gracias.

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