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Conferência “A nova política externa brasileira”, proferida pelo ministro Ernesto Araújo no Ministério das Relações Exteriores do Paraguai [em espanhol]
Assunção, 3 de fevereiro de 2020*

 

Muy buenas tardes, señor Canciller, señora Ministra, ministros, embajadores, colegas, amigos. Es una grande alegría estar acá con ustedes, compartir ese momento. El Canciller, querido amigo Antonio Rivas nos recordaba el tiempo cuando empezábamos en la carrera diplomática ahí por 1995, en Bruselas. Y me recuerdo mucho de esa época, época en que sentía, creo que nosotros todos sentíamos, el entusiasmo por la construcción o reconstrucción de nuestros países, teniendo la integración entre nosotros como uno de los instrumentos de esa reconstrucción; un sueño que, por distintas razones, se disipó a lo largo de las décadas, pero que estamos recuperando, que estamos recuperando de una manera muy intensa. El sentido de reconexión con nuestra esencia, con nuestro destino, atado al destino común de nuestras regiones, y muy especialmente de esta hermandad Brasil-Paraguay.

Como mencionaba también al Canciller, tuve el honor inmenso de recibir la condecoración del mérito de la República de Paraguay. Es algo que tomo como un reconocimiento de todo esfuerzo que el Gobierno brasileño, y Paraguay también, y muy especialmente los presidentes Mario Abdo y Jair Bolsonaro, están haciendo para hacer realidad ese anhelo de nuestros pueblos. Y, en ese sentido, una vez escuché al Presidente Mario Abdo decir una expresión muy importante, me parece que me sirve de inspiración, siempre que me recuerdo de esa expresión. Decía una cosa así, el Presidente Mario Abdo: “el error de nuestra región ha sido que nos basamos solamente en intereses y olvidamos los valores”, o algo así – quiero pedir que transmita al Presidente si no cité exactamente sus palabras, pero es el sentido que, creo, tenía él.

Eso es algo que me parece absolutamente fundamental: pensar ese binomio de intereses y valores de la manera correcta. En un sentido distinto, para hacer un contraste, el otro día escuchaba un colega de otro órgano del gobierno de Brasil, una persona muy buena, pero creo que tenía un concepto que trae una equivocación, una frase que se atribuye al primer ministro británico Palmerston, si no me equivoco, que es que “entre países no hay amistades, hay solamente intereses”. Yo no creo que sea así, y creo que Brasil y Paraguay prueban que no es así, que existen amistades, y esas amistades son fundamentales para que conduzcamos los intereses de nuestros pueblos.

Muchos creen que son incompatibles intereses y valores, intereses y amistades. Muchos creen que la promoción de los intereses requiere el abandonar de sus valores. Realmente no creo que sea así, y nuestra política exterior está hoy fundada en la proposición de que los valores, la identidad nacional, los ideales del pueblo son la base de la defensa de nuestros intereses. Y también que el principal de nuestros intereses es garantizar el espacio para el ejercicio de nuestros valores. Así, se trata de construir una política a partir de valores e identidad. Me parece que eso es un imperativo, sea en el plan nacional, sea regional, sea mundial.

A nivel nacional, Brasil ha vivido recientemente una crisis, que fue sobre todo una crisis moral, más que económica. La corrupción que ha imperado, de una gran manera, en Brasil es solamente una parte del fenómeno. Porque, más fondo que eso, se ha tratado de destruir el tejido social de Brasil, destruir la familia, la unidad nacional, creando falsos conflictos (por ejemplo, de raza o de género); se trató de ocupar las mientes de las personas desde la primera infancia y enseñarlas a odiar lo suyo, sea la familia, sea la patria, y enaltecer una determinada línea política, o peor aún, un determinado partido político. Y además, todo eso, dentro de una tolerancia, casi una valorización del crimen, de la criminalidad.

¿Dónde quedaban los valores? Se hablaba de ellos alguna vez, pero en realidad se trataba de utilizar falsos conceptos para controlar el discurso. Y quien controla el discurso controla el pensamiento, y quien controla el pensamiento controla los flujos económicos y el poder, no a la inversa. Así que la dimensión, digamos, filosófica de los valores, de la identidad, es algo completamente determinante para lo que acontece en el terreno económico. Por lo menos es la proposición, la premisa de la cual partimos.

Delante de ese cuadro en que vivimos, la salida de esa crisis es algo que exigió un proyecto no solamente de recomposición de la política fiscal o de recomposición de la infraestructura, por ejemplo, sino un proyecto de regeneración moral. De cambio en la escala de valores, de replantear qué es el bien y qué es el mal. De combatir directamente el crimen, reconquistar los conceptos que estaban manipulados por un sistema corrupto, como el concepto de justicia, el concepto de derechos humanos, el concepto de igualdad. Es una tarea que sigue, pero hemos empezado.

Abro un paréntesis: me parece que ese es el gran mecanismo, o uno de los principales mecanismos, de los proyectos totalitarios que intentaron confirmar su poder sobre toda nuestra región y nuestros países. Un mecanismo de secuestrar y pervertir, tomar conceptos, ideales que son nobles, y manipularlos para que se transformen en instrumentos de poder. Derechos humanos, por ejemplo. En Brasil, en gran medida, el concepto de derechos humanos ha sido pervertido, y hoy, cuando se habla de ese concepto, se piensa en los derechos solamente de los criminales (que existen, claro, como de todo ser humano), pero no se piensa en los derechos de las víctimas.

Escuchaba una entrevista de una señora que hizo una película sobre la historia reciente de Brasil, de una manera que nos parece completamente equivocada; y ella decía que estaba muy preocupada con el crecimiento de los homicidios de la policía, que en 2019 crecieron un 20%, lo que ella llama de “homicidios cometidos por la policía”. Y se olvidaba deliberadamente de decir que la tasa de homicidios general en Brasil ha bajado un 23% en el 2019, como resultado de las nuevas políticas y actitudes. Pero, claro, nada bueno puede ser reconocido a nuestro gobierno por parte de los que quieren volver al sistema corrupto anterior. Y, con eso, distorsionan conceptos, distorsionan la realidad, y hacen parecer que la policía está del lado de mal y que los criminales están del lado del bien. Con eso nos enfrentamos todos los días.

De manera que ese sistema sigue intentando volver y perpetuarse, y volver al poder. Quieren seguir controlando el lenguaje y las relaciones entre las personas, quieren fragmentar completamente la sociedad, quieren crear una sociedad de individuos atomizados, sin pasado y sin futuro, separados de los suyos, y cada uno separado de sí mismo. Creo que no es solamente en Brasil, creo que es un fenómeno mundial. Quieren destruir la infancia y la inocencia, quieren desensibilizar la gente con la violencia, quieren crear una masa de autómatas para poder controlarlos con más facilidad.

Brasil despertó contra eso, contra ese proyecto. No solamente contra el mal manejo de la economía. La economía, por supuesto, es fundamental, pero los brasileños nos dimos cuenta de que la economía es una parte del desafío. Nos dimos cuenta de que la libertad económica es esencial a la libertad política. Una economía bajo el control del estado, en gran medida, como la que teníamos, sea directamente a través de las compañías estatales, sea de manera aún más perversa, a través de un sistema político, donde cada decisión de inversión dependía de conexiones políticas, de mil licencias y autorizaciones, sea de las grandes empresas, sea de las pequeñas. Una economía de esa naturaleza nutría el sistema de corrupción, que a su vez nutría el sistema de degradación de los valores.

Ese sistema requería una economía cerrada al exterior, una vez que en una economía abierta al exterior ya no se puede, o es mucho más difícil, practicar los sistemas de poder, de privilegios, de la economía de los amigos, de circulación ilícita o semi ilícita de recursos y de captura de los recursos de la nación por los que manejan el poder. Así, la apertura económica tiene dos ventajas: por un lado, claro, la competitividad y el crecimiento que estimula, la reubicación del país en las cadenas globales de valor, como incluso discutíamos antes, hoy día; pero también la quiebra de ese sistema de corrupción material y moral y la consustanciación, la construcción de una verdadera libertad.

Yo creo que es por ese concepto de que libertad económica y libertad política están unidas en un nuevo proyecto, es por eso que conseguimos los grandes logros del MERCOSUR, por ejemplo, el año pasado, los acuerdos con la Unión Europea y el EFTA; por eso que vemos hoy un MERCOSUR tan entusiasmado y dinámico y que sigue entusiasmado y dinámico ahora bajo la presidencia paraguaya, algo que es tan fundamental para nosotros y que nos permite volver a esos sueños del comienzo de la década de 90, de un MERCOSUR como un proyecto basado en el libre comercio, en la integración abierta y en la democracia.

Brasil está iniciando un ciclo de crecimiento, no solamente por la calidad de las políticas fiscales y monetarias, sino también, quizás principalmente, por la determinación política del Presidente Bolsonaro, de todo su equipo, pero a partir de su liderazgo, de romper un sistema, un sistema de pensamiento, un sistema de mala circulación de ideas y de mala circulación de recursos. Por eso es que estamos acá pudiendo hablar de las nuevas oportunidades para nuestros países.

Brasil empieza su primer ciclo de crecimiento basado en la inversión privada y que va a ser seguramente un crecimiento sostenible y que, si Dios quiere, nos va a permitir concretar esa idea que el Canciller Antonio Rivas mencionaba, de una prosperidad compartida como núcleo de nuestra relación.

En el plan regional, ¿qué es lo que encontramos cuando llegamos al comienzo de esa administración? Encontramos una cierta indiferencia, por parte de Brasil, hacia la cuestión democrática en la región. Empezamos por romper esa indiferencia; desde el primer día, la rompimos; desde el primer día, empezamos a intentar defender directa y activamente la democracia en la región. Decían, y siguen diciendo, algunos, que eso es un movimiento ideológico; seguimos diciendo que la democracia no es una ideología, que la democracia es un compromiso y un sistema de libertad.

Dicen que es ideológico hablar, por ejemplo, del Foro de São Paulo. El Foro de São Paulo existe, lo siento. ¿Qué es el Foro de São Paulo? Ustedes saben: es una articulación de partidos radicales y proyectos totalitarios de Latinoamérica que se reunió y se formó a comienzos de los años 90 con objetivo explícito de reconstruir, en Latinoamérica, el bloque socialista que había desaparecido en Europa del Este. Y desde entonces coordinó los regímenes radicales, totalitarios de la región; se mescló al narcotráfico – si es que ya no estaba mesclado antes –, al crimen, al terrorismo, a la corrupción sistémica.

Es como si fuera un octópodo, un pulpo de mil tentáculos, que se oculta, que oculta su cabeza – quizá no tenga cabeza, tenga solamente los tentáculos –, y por eso se hace más eficiente en sus objetivos, y alterna su estrategia entre una estrategia de intimidación y una estrategia de, digamos, falsa indignación. O dicen que no existen o dicen que es solamente un tipo de foro de discusión teórica. Ahora quieren adquirir alguna respetabilidad creando una organización de fachada, el Grupo de Puebla, que atrae a algunos desavisados, a algunas figuras de la izquierda europea, de la social democracia latinoamericana, para intentar ganar alguna respetabilidad, pero que, por detrás de esa fachada, siguen conspirando.

Hay que reconocer esa realidad – ojalá no existiera, pero existe –, para que nos ubiquemos y trabajemos por la libertad en la región, sea en Venezuela o en otra parte. Los venezolanos saben muy bien de lo que estoy hablando. Fueron amigos venezolanos, desde el comienzo del año pasado, que me llamaron la atención para el hecho de que el problema de Venezuela, la dictadura en Venezuela, no es solamente una cuestión venezolana; es parte de un proyecto hemisférico, y que, por lo tanto, debe ser tratado como tal. Si no, no se va a resolver. El hecho de que el régimen dictatorial de Nicolás Maduro siga manejando el poder es una prueba de que no se trata solamente de una cuestión venezolana, sino de parte de un sistema que tiene recursos, que tiene todavía una red que lo sustenta.

Así que la democracia no vendrá gratis, hay que luchar cada día, hay que seguir luchando. No bastan las elecciones. Hemos visto recientemente como se puede intentar fraudar una elección en nuestro común vecino, Bolivia.

Hay que reconocer el mundo por lo que es, y no por lo que nos gustaría. En el mundo ideal, hay una alternancia entre una izquierda y una derecha; una izquierda definida, quizás, por más atención a gastos sociales y compañías estatales; la derecha por un búsqueda de eficiencia y privatización. Esa es la visión un poco idílica de la alternancia izquierda-derecha. En el mundo real, la cosa es bastante más fea: hay la libertad, y hay el proyecto de reconstrucción de falsas utopías de partido único con control social total. No son izquierda y derecha, en nuestra región. Creo que son conceptos que es difícil manejar, porque, en realidad, no hay distintas filosofías o distintas maneras de buscar el bien. Lo que hay son proyectos completamente diferentes, uno atado a la dignidad humana y otro atado a la deshumanización.

Nos dicen “ideológicos” a los que hablamos de eso. Puede ser que seamos, pero no importa; importa que reconozcamos como es la realidad. Nos dicen “ideológicos” porque la palabra tiene mala reputación, a culpa de aquellos que manejan esa otra ideología, y no a culpa de nosotros. Y nos dicen “ideológicos” porque quieren crear una niebla para seguir, por detrás de ella, practicando su estrategia de opresión sin que sean perturbados.

Creo que para nosotros, que creemos en la libertad y en la democracia, no habrá tranquilidad mientras no tengamos una verdadera democracia en toda la región, y eso exige una acción coordenada. Y Brasil y Paraguay hoy están en la vanguardia de esa acción. Podría extenderme más sobre eso como en otros puntos, pero voy a pasar al nivel mundial de nuestros desafíos.

Se cree muchas veces que hay que construir una economía eficiente sobre la base de una sociedad fragmentada, sin valores, sin identidades nacionales, sobre la base de lo “políticamente correcto”. Eso es bien un gran error, directamente atado a aquel que mencionaba en la expresión que mencioné del presidente Mario Abdo, de olvidar los valores y seguir hacia los intereses.

Creo que el mundo ha intentado, está intentando desde el comienzo de la globalización, construir esa estructura de una economía eficiente, globalizada, en base a una no sociedad, a una sociedad fragmentada, sin naciones, sin familias, sin identidades. Y lamentablemente, muchos organismos internacionales, con sus famosos temas globales, se han vuelto a mecanismos de implementación de ese tipo de agenda. Todos los temas globales, cuando los miramos, al fin y al cabo son temas para sacarnos la soberanía, sacarles la soberanía a las naciones y para someter los pueblos a algún tipo de filosofía materialista y reduccionista.

Si uno mira bien ese tipo de concepción de los temas globales y lo que está pasando en esos 30 años últimos, en Latinoamérica, uno se da cuenta de que existe un arco ideológico, que va del “socialismo del siglo XXI”, concebido acá en esa región, a lo políticamente correcto y a las corrientes materialistas en Europa y Estados Unidos, que quieren construir algún tipo de sociedad utópica – ya no la llaman comunismo, pero en gran medida sigue siendo la falsa utopía comunista. Quieren construirla no en contra el capitalismo, pero adentro del capitalismo, a partir de una sociedad de consumo completamente desespiritualizada y desnacionalizada.

Vean, por ejemplo, la señorita Greta Thunberg, que habla de los osos polares – cuya población, por lo demás, está en realidad aumentando, según los científicos –, pero que jamás habla de la democracia, jamás habla del sufrimiento de los niños en Venezuela, por ejemplo, o de las persecuciones religiosas en África, causadas por el terrorismo, que son los problemas reales de la mayoría de la gente. Entonces, uno empieza a preguntarse si hay algún tipo de conexión entre ese arco ideológico. No es negar que haya problemas climáticos, pero es preguntarse porqué se habla de determinados problemas y no de otros, que son más cercanos y más urgentes a la gente.

Se dice, por ejemplo, que crisis migratorias son producidas a partir de África por la cuestión climática en el Sahel, y que las personas huyen de la sequía, o de algún tipo de crisis climática. En realidad, si uno mira los datos, en gran parte esa región de Sahel, esa franja del Saara, se está volviendo más verde, como quizás un fenómeno positivo del calentamiento – es anatema decir eso, pero quizás sea esa la realidad. No están huyendo de crisis climática, están huyendo del terrorismo que se practica en esa región. Brutal. Que expulsa a la gente y le hace buscar el exilio en otras partes. Esa es por lo menos parte de la realidad de la que nadie habla.

Bien, Brasil hoy se posiciona muy claramente por la democracia y por la libertad económica. Algunas de esas corrientes del Primer Mundo hablan muy frecuentemente de la democracia liberal como el sistema, el modelo que debe ser seguido. Pero cuando aparece un país con las características que tiene Brasil, con la relevancia que puede tener Brasil en el mundo, y se posiciona claramente por la democracia y por la libertad económica, creímos que íbamos a ser un poco más bien recibidos por esas corrientes ideológicas en Europa. En realidad, lo que hacen es inventar falsos problemas ambientales para atacarnos con base en fotografías de hace veinte años.

¿Qué se puede pensar delante de eso? Todavía no lo sé, no terminé de pensarlo. Pero quizás eso apunte a una conexión entre las corrientes del “socialismo del siglo XXI” que nutren una buena parte de la oposición, básicamente todo lo que hay de oposición política en Brasil y, a partir de Brasil, nutren esa falsa narrativa en Europa – sobre todo en Europa; en otras partes también, pero sobre todo en Europa –, donde encuentran ese terreno fértil a partir de la ideología de lo políticamente correcto. Entonces, hay que pensar, hay que examinar si es que existen esas conexiones y posicionarse delante de eso.

Brasil también intenta ser hoy una fuerza en contra de la desnacionalización en el mundo. Se dice que tenemos problemas con los sistemas multilaterales. No tenemos absolutamente nada en contra de los órganos, mecanismos multilaterales, pero creemos que esos tienen que ser espacios de convivencia entre naciones.

Hay que cesar de hablar un poco de temas globales y volver a hablar de temas internacionales. Hay una gran diferencia. Cuando escuchamos el adjetivo “global”, sabemos que alguien en alguna parte está queriendo limitar nuestra soberanía. Nosotros queremos dar una lógica internacional a los temas mundiales. Y, siempre que posible, combatir las falsedades de lo políticamente correcto, que tiene que ver con ese sistema de capturar buenos conceptos, conceptos nobles, como justicia, como derechos humanos, y transformarlos en alguna otra cosa. Es una proposición que hago, de estudio, que el políticamente correcto del Primer Mundo es el primo rico del “socialismo del siglo 21” latinoamericano.

De manera que intenté apuntar muy rápidamente que las tres dimensiones de nuestra actuación doméstica regional e internacional se conectan. Eso es lo que quería sobre todo mencionar. Se conectan con base a una lógica que es una lógica de un análisis de la realidad internacional. Puede que estemos equivocados, pero intentamos hacer un análisis, y no copiar una serie de clichés, de lugares comunes que andan por el mundo y pensar el mundo a partir de nuestras propias ideas y de las aspiraciones de los brasileños. Eso es lo que intentamos hacer. Y esas tres dimensiones se interconectan, se interconectan sobre todo en base a aquello que es nuestro principal valor y nuestro principal interés, que es la libertad.

Muchas gracias.

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* O vídeo da conferência está disponível no YouTube do Ministério das Relações Exteriores.

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